“Era la única manera de salir de ese asesino vulgar que teníamos como padre de la patria”.
Así comienza a narrar los sucesos de aquella noche en que un grupo de valerosos y decididos hombres mató a tiros al dictador Rafael Leonidas Trujillo.
Todo comenzó y terminó con un plan. La hora estaba marcada.
El lugar y los participantes también fueron escogidos con antelación. Sólo había que esperar el momento y capitalizar la rutina de viaje del sátrapa al interior. El tiempo avanzaba. Ya no había vuelta atrás.
“Él iba siempre, durante los fines de semana, a San Cristóbal, a su finca. Entonces, nosotros dijimos, bueno esta es una misión suicida, y esperamos que fuera de noche para allá”, rememora. Mas
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